Épocas de grandes lluvias. (Narrativa breve reunida y algo más) / Antonio Fernández Molina
Editorial: Libros del Innombrable
Hay que estar dispuestos a abandonar la lógica de la superficie para sumergirse en la geografía de Antonio Fernández Molina. Este volumen, Épocas de grandes lluvias (Libros del Innombrable), no es una simple antología; es el mapa de un mundo donde la realidad ha sido astutamente secuestrada por el absurdo.
La narrativa de Fernández Molina opera con una concisión quirúrgica. En sus relatos, la brevedad no es falta de espacio, sino una concentración de intensidad onírica. Bebe directamente de la angustia existencial de Kafka y de la pirotecnia verbal de la greguería de Ramón Gómez de la Serna, pero lo hace para construir algo propio: un universo donde las leyes de la física son, en el mejor de los casos, sugerencias opcionales.
Como bien señala José Luis Calvo Carilla en la introducción, leer a Fernández Molina es habitar una litografía de Escher. Aquí, «subir» es una forma de descenso, y la arquitectura de lo cotidiano se dobla sobre sí misma: el sótano infestado de insectos se encuentra, inexplicablemente, en la azotea. Es un mundo de una belleza extraña y subacuática, donde los peces surcan el aire y los ruiseñores bucean en los lechos de los ríos.
Este libro exige del lector una fe incondicional, la misma que Magritte reclamaba ante su famosa pipa: la aceptación de que lo que vemos no es lo que parece, sino algo más profundo. Cada pieza breve es una visión evocadora que desafía la percepción y nos invita a sospechar de la solidez de nuestras propias paredes.
Épocas de grandes lluvias es una celebración de lo imposible, una narrativa que se siente como un sueño lúcido del que no queremos despertar. Es la reunión definitiva de un autor que entendió que la verdad, a menudo, se esconde en el revés de la lógica.
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